Un espíritu es un grupo de elementos vinculados entre sí que "respiran" juntos. Es decir, toman algo del exterior, lo procesan, y luego vierten otra vez materia fuera de ellos.
Ese producto que toman del exterior les sirve a los componentes del grupo para sus necesidades de crecimiento o energía. El oxígeno que tomamos del exterior, y también los alimentos, sirven para formar nuestro cuerpo y nos dan energía, a nosotros y a cada una de nuestras células, los seres individuales de los que estamos compuestos.
El origen etimológico de la palabra "espíritu" parece ser la palabra latina spiritus, que tiene que ver con la respiración, el aliento y es sinónimo de vida, de que existe vida en ese cuerpo. Se asemeja la respiración con la vida. Aquello que respira está vivo. Por tanto, un cuerpo que respira, un espíritu, está vivo.
Respirar es tomar algo del exterior, el aire, y luego, después de un camino y un trabajo por el cuerpo, es expulsado de nuevo fuera, modificado.
En la antigua Grecia se usó la palabra pneúma que significaba lo mismo que la latina spiritus y con el mismo sentido de aire, viento, hálito, soplo, soplo vital.
Utilizo la misma idea clásica tanto griega como latina para mi definición de espíritu. Espíritu es aquello que "respira" junto, es decir, toma algo del exterior, aire u otras sustancias (o incluso ideas), las utiliza para las necesidades de los elementos que forman ese espíritu, en nuestro caso nuestras células, las procesa (las sustancias) y luego las expulsa fuera.
La dificultad que parece encontrar la ciencia con el concepto creo que es debida a que trata de entenderla desde una realidad material. Un espíritu no es lo mismo que un ser vivo. Todos los seres vivos son espíritus, pero no todos los espíritus, es decir, los grupos de elementos que toman algo del exterior, lo procesan y devuelven algo afuera, son seres vivos.
Voy a definir como un espíritu realidades tan diversas como los seres vivos, en su amplia variedad, pero también las empresas u otro tipo de organizaciones. Ellas están compuestas de elementos, toman algo del exterior, lo procesan, con eso se alimentan tanto ellas como sus elementos, y luego vierten algo al exterior. Las empresas son espíritus pero no son seres vivos como los entiende la biología.
Defino espíritu como una realidad funcional y relacional. Lo que determina al espíritu es la necesidad de esa relación entre elementos, que forma una conciencia de todos ellos (información de lo que ocurre en el sistema entre los elementos) y los agrupa.
Se trata en todo momento de objetos que se vinculan entre sí y tal relación crea una interdependencia que, puede llegar a tal grado, que su supervivencia como elementos individuales está ligada a la supervivencia de esa relación que han establecido con los demás elementos.
Espíritus pueden haber de muy diversas configuraciones. En esta entrada vamos a referirnos a tres muy diversos. El ser humano, un hormiguero y el hongo Armillaria, el ser vivo más grande conocido.
El ser humano es un espíritu, el más cercano a nuestro entendimiento. Somos en realidad un grupo de muy diversos seres. Estamos formados por células que comparten su ADN, agrupadas en tejidos, y toda una serie de bacterias y otros microorganismos (virus, hongos), cuya cifra parece estar en relación de 10 a 1 con la cantidad de células propias. Esos microorganismos realizan funciones vitales para el cuerpo como asimilar alimentos, sintetizar sustancias indispensables, mantener activo el sistema inmunológico y muchas otras más.
Es necesario un equilibrio y un intercambio entre todos esos componentes del cuerpo, por lo que necesitamos un sistema que proporcione información de lo que ocurre en todas las partes y lo que es conveniente para que se produzca el equilibrio necesario. A ese mecanismo de información lo llamo conciencia. Conocimiento completo del sistema.
Mediante la respiración y también por la alimentación recibimos sustancias del exterior, que sirven para diversos procesos en el cuerpo, básicamente para la formación de nuevos tejidos, nuevas células, supervivencia de los microorganismos que habitan en el cuerpo, y también esos materiales recibidos del exterior sirven para dotar de energía a todo el conjunto.
Todo ese conjunto forma un ser vivo que en este caso coincide con un espíritu.
Considerar el cuerpo humano como un elemento es relativamente sencillo pues todas sus partes tienen una continuidad espacial y es fácil seguir los intercambios de material dentro de él. O dicho de otra manera, no es complicado definir aquello que está dentro y lo de fuera.
En otros seres esto se puede complicar. Por ejemplo un hormiguero, o quizá sea más correcto hablar de una comunidad de hormigueros, tiene una coherencia interna que lo convierte en un ser, donde el exterior y el interior es más difícil de delimitar. En cambio los elementos, las hormigas, intercambian sustancias y tareas. El hormiguero funciona como un cuerpo tomando materiales del exterior (aunque aquí nos sea más difícil visualizar cual es el exterior y el interior como ya dije), procesandolos y luego devolviendo al exterior de nuevo las sustancias elaboradas.
La supervivencia de cada hormiga depende totalmente del grupo, de modo que si el hormiguero desaparece ellas mueren. También al contrario, si un grupo numeroso de individuos muere o no puede ejercer su función esencial para la supervivencia, el hormiguero en su totalidad está en peligro.
Aquí el caso del hormiguero, es más difícil visualizarlo como un individuo, como un espíritu. Para funcionar como ser grupal es necesario un sistema nervioso de comunicación entre las partes. Algo controla y conoce como están los componentes del ser y comunica órdenes sobre lo que deben hacer.
Existe una conciencia que gobierna el funcionamiento de ese ser que lo hace actuar como un conjunto coordinado, como un grupo que respira junto, y por tanto lo podemos denominar un "espíritu".
Un hormiguero también es un espíritu y dotado de una conciencia que relaciona todos los elementos y cuida de la supervivencia del ser común, del que dependen las vidas de los seres individuales.
Hemos visto tres seres muy diferentes, un humano, un hormiguero y un hongo gigantesco. Son bien diferentes pero son espíritus. Tienen una conciencia propia (no necesariamente autocociencia) pues necesitan tener información global de lo que ocurre en todo el ser para poder atender todas las necesidades relacionales que correlacionan todos los elementos. Y tienen formas materiales muy diversas. En el caso del hombre es fácil percibir sus contornos, en el caso del hongo es mucho más difícil y en el caso del hormiguero es todavía más complejo, pues la forma es variable en todo momento.
Son ejemplos de espíritus con conciencia. En las próximas entradas me ocuparé de otras formas de agrupación que también podemos considerar espíritus.
Ese producto que toman del exterior les sirve a los componentes del grupo para sus necesidades de crecimiento o energía. El oxígeno que tomamos del exterior, y también los alimentos, sirven para formar nuestro cuerpo y nos dan energía, a nosotros y a cada una de nuestras células, los seres individuales de los que estamos compuestos.
El origen etimológico de la palabra "espíritu" parece ser la palabra latina spiritus, que tiene que ver con la respiración, el aliento y es sinónimo de vida, de que existe vida en ese cuerpo. Se asemeja la respiración con la vida. Aquello que respira está vivo. Por tanto, un cuerpo que respira, un espíritu, está vivo.
Respirar es tomar algo del exterior, el aire, y luego, después de un camino y un trabajo por el cuerpo, es expulsado de nuevo fuera, modificado.
En la antigua Grecia se usó la palabra pneúma que significaba lo mismo que la latina spiritus y con el mismo sentido de aire, viento, hálito, soplo, soplo vital.
Utilizo la misma idea clásica tanto griega como latina para mi definición de espíritu. Espíritu es aquello que "respira" junto, es decir, toma algo del exterior, aire u otras sustancias (o incluso ideas), las utiliza para las necesidades de los elementos que forman ese espíritu, en nuestro caso nuestras células, las procesa (las sustancias) y luego las expulsa fuera.
La dificultad que parece encontrar la ciencia con el concepto creo que es debida a que trata de entenderla desde una realidad material. Un espíritu no es lo mismo que un ser vivo. Todos los seres vivos son espíritus, pero no todos los espíritus, es decir, los grupos de elementos que toman algo del exterior, lo procesan y devuelven algo afuera, son seres vivos.
Voy a definir como un espíritu realidades tan diversas como los seres vivos, en su amplia variedad, pero también las empresas u otro tipo de organizaciones. Ellas están compuestas de elementos, toman algo del exterior, lo procesan, con eso se alimentan tanto ellas como sus elementos, y luego vierten algo al exterior. Las empresas son espíritus pero no son seres vivos como los entiende la biología.
Defino espíritu como una realidad funcional y relacional. Lo que determina al espíritu es la necesidad de esa relación entre elementos, que forma una conciencia de todos ellos (información de lo que ocurre en el sistema entre los elementos) y los agrupa.
Se trata en todo momento de objetos que se vinculan entre sí y tal relación crea una interdependencia que, puede llegar a tal grado, que su supervivencia como elementos individuales está ligada a la supervivencia de esa relación que han establecido con los demás elementos.
Nota: los grados de interdependencia pueden ser muy variables según el tipo de espíritu. Por ejemplo, en un ser vivo el fallo de la función de cierta parte puede suponer la muerte del ser completo (lo que ocurre con su espíritu y su conciencia lo desconocemos y no es materia de mi estudio). En la desaparición de una empresa no se produce la muerte de sus componentes. El espíritu de la empresa puede revivir más tarde y con otros o los mismos socios. En el caso de la sociedad humana o de un hormiguero la desaparición de partes vitales, las que aseguran la supervivencia, puede suponer la muerte de todo el conjunto, pues los elementos, los hombres y las hormigas, se han hecho dependientes de la existencia del grupo.El intercambio de aire, alimentos u otros productos con el exterior, es necesario que se pueda mantener en el tiempo. Si el intercambio, la respiración, no es equilibrada y mantenida en el tiempo, el espíritu muere, el ser grupal muere y sus elementos probablemente (o no, como ya hemos comentado y volveremos sobre ello) también.
Espíritus pueden haber de muy diversas configuraciones. En esta entrada vamos a referirnos a tres muy diversos. El ser humano, un hormiguero y el hongo Armillaria, el ser vivo más grande conocido.
El ser humano es un espíritu, el más cercano a nuestro entendimiento. Somos en realidad un grupo de muy diversos seres. Estamos formados por células que comparten su ADN, agrupadas en tejidos, y toda una serie de bacterias y otros microorganismos (virus, hongos), cuya cifra parece estar en relación de 10 a 1 con la cantidad de células propias. Esos microorganismos realizan funciones vitales para el cuerpo como asimilar alimentos, sintetizar sustancias indispensables, mantener activo el sistema inmunológico y muchas otras más.
Es necesario un equilibrio y un intercambio entre todos esos componentes del cuerpo, por lo que necesitamos un sistema que proporcione información de lo que ocurre en todas las partes y lo que es conveniente para que se produzca el equilibrio necesario. A ese mecanismo de información lo llamo conciencia. Conocimiento completo del sistema.
Mediante la respiración y también por la alimentación recibimos sustancias del exterior, que sirven para diversos procesos en el cuerpo, básicamente para la formación de nuevos tejidos, nuevas células, supervivencia de los microorganismos que habitan en el cuerpo, y también esos materiales recibidos del exterior sirven para dotar de energía a todo el conjunto.
Todo ese conjunto forma un ser vivo que en este caso coincide con un espíritu.
Nota: no entro a estudiar si después de la muerte el espíritu se mantiene vivo: no lo sé. Después de la disolución de la relación entre los componentes es posible que se disuelva la coherencia que los unía. Pero puede que esa relación establezca un código que luego pueda ser reproducido y mantenido, de tal manera que otros elementos podrían adquirir coherencia entre ellos y poner en marcha de nuevo ese espíritu. Son cosas que se escapan de mi conocimiento y mi pretensión de estudiar aquí.
Considerar el cuerpo humano como un elemento es relativamente sencillo pues todas sus partes tienen una continuidad espacial y es fácil seguir los intercambios de material dentro de él. O dicho de otra manera, no es complicado definir aquello que está dentro y lo de fuera.
En otros seres esto se puede complicar. Por ejemplo un hormiguero, o quizá sea más correcto hablar de una comunidad de hormigueros, tiene una coherencia interna que lo convierte en un ser, donde el exterior y el interior es más difícil de delimitar. En cambio los elementos, las hormigas, intercambian sustancias y tareas. El hormiguero funciona como un cuerpo tomando materiales del exterior (aunque aquí nos sea más difícil visualizar cual es el exterior y el interior como ya dije), procesandolos y luego devolviendo al exterior de nuevo las sustancias elaboradas.
La supervivencia de cada hormiga depende totalmente del grupo, de modo que si el hormiguero desaparece ellas mueren. También al contrario, si un grupo numeroso de individuos muere o no puede ejercer su función esencial para la supervivencia, el hormiguero en su totalidad está en peligro.
Aquí el caso del hormiguero, es más difícil visualizarlo como un individuo, como un espíritu. Para funcionar como ser grupal es necesario un sistema nervioso de comunicación entre las partes. Algo controla y conoce como están los componentes del ser y comunica órdenes sobre lo que deben hacer.
Existe una conciencia que gobierna el funcionamiento de ese ser que lo hace actuar como un conjunto coordinado, como un grupo que respira junto, y por tanto lo podemos denominar un "espíritu".
Un hormiguero también es un espíritu y dotado de una conciencia que relaciona todos los elementos y cuida de la supervivencia del ser común, del que dependen las vidas de los seres individuales.
Nota: por lo menos muchos de esos seres dependen de la vida del ser común. En el cuerpo humano también existen seres que son capaces de sobrevivir a la muerte del hombre y encontrar otros medios donde vivir. La variedad de formas de espíritus permite diferentes organizaciones y tipos de dependencia. Lo iremos viendo.El ser vivo más grande que se conoce es un hongo: la Armillaria, cuyo tamaño puede llegar a 9 kilómetros cuadrados. El tamaño de muchas grandes ciudades, y puede llegar a vivir mil años. Para poder actuar como un ser vivo necesita un sistema de información entre todos sus elementos, lo cual significa una conciencia común entre sus componentes, y comparten un sistema de entradas y salidas. Podemos añadir aquí ahora una característica más de esas entradas y salidas: necesitan una contabilidad interna, existe un equilibrio entre lo que entra y lo que sale. Aquella materia que entra es procesada y puede pasar a formar parte del ser o servir para sus numerosos sistemas vitales, y luego sus productos ser expulsados. Debe tomar del exterior como mínimo lo que necesita para la supervivencia. Si toma menos de lo necesario no mantendrá su vida. Por eso podemos hablar de una contabilidad entre las entradas y salidas de materia (y energía).
Hemos visto tres seres muy diferentes, un humano, un hormiguero y un hongo gigantesco. Son bien diferentes pero son espíritus. Tienen una conciencia propia (no necesariamente autocociencia) pues necesitan tener información global de lo que ocurre en todo el ser para poder atender todas las necesidades relacionales que correlacionan todos los elementos. Y tienen formas materiales muy diversas. En el caso del hombre es fácil percibir sus contornos, en el caso del hongo es mucho más difícil y en el caso del hormiguero es todavía más complejo, pues la forma es variable en todo momento.
Son ejemplos de espíritus con conciencia. En las próximas entradas me ocuparé de otras formas de agrupación que también podemos considerar espíritus.
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