lunes, 13 de julio de 2020

MIRAD DENTRO Y VER A LOS PADRES

Mirar para dentro de uno es solo mirar para adentro. No tiene más. Y dentro de uno lo que te encuentras con más es peso e influencia en lo que eres es a... tus padres.


Sobre todo en momentos de sentimiento de fracaso, de problemas profundos, de no sentirse bien en la piel de uno. Cuando el proyecto del adulto falla, por enfermedad, por no conseguir lo que queremos, por los fracasos acumulados de distinto tipo, es muy fácil volver a la infancia, al momento anterior donde éramos, o por lo menos pensábamos que éramos, felices.

Es fácil volver a la adolescencia y creer que ese es nuestro auténtico interior, y posiblemente no sea más que un escape de nuestro fracaso adulto.



Si miras para adentro y te quedas con lo que hay allí, sin crítica ni repaso, ni rebeldía, te quedas en tus padres, sin más proceso.

Los introyectas, los conviertes en ti mismo y los confundes con tu yo más genuino.


No tengo mucho que decir a eso, no está "bien" ni "mal", son cosas que ocurren y acarrean consecuencias. Nada más.

Hablaré de mis preferencias, desde mis gustos, desde mi forma de ver la vida: que es que prefiero procesar aquello de allá adentro, transformarlo, crear nuevos comportamientos, negar algunas influencias, construir un plato de cocina nuevo, una receta con ingredientes antiguos, pero propia. Entonces siento el interior más mío, más propio, más genuino. Tiene algo más que ver conmigo. No limitarme a ser cadena de transmisión de lo viejo, me gusta poner mi pizquita de algo más.

sábado, 18 de abril de 2020

LOS RECUERDOS

FRAGMENTO DEL LIBRO "EL CISNE NEGRO" de Nassim Nicholas Taleb


La historia que sale en un posicionamiento sistémico, ¿es real? ¿es real la narración que tiene de los hechos la persona? Quizá ni la una ni la otra. Quizá no podamos saberlo, ni hace falta. Quizá en estas páginas se explica cómo se reestructuran los recuerdos y nos expliquen algunos de los efectos del trabajo de la configuración. 


RECUERDO DE LAS COSAS NO TAN PASADAS

Nuestra tendencia a percibir —a imponer— la narratividad y la causalidad es síntoma de la misma enfermedad: la reducción de la dimensión. Además, al igual que la causalidad, la narratividad tiene una dimensión cronológica y conduce a la percepción del flujo del tiempo. La causalidad hace que el tiempo avance en un único sentido, y lo mismo hace la narratividad.

Pero la memoria y la flecha del tiempo se pueden mezclar. La narratividad puede afectar muchísimo al recuerdo de los sucesos pasados, y lo hace del modo siguiente: tenderemos a recordar con mayor facilidad aquellos hechos de nuestro pasado que encajen en una narración, mientras que tendemos a olvidar otros que no parece que desempeñen un papel causal en esa narración. Imaginemos que recordamos los sucesos en nuestra memoria sabedores de la respuesta de qué ocurrió a continuación. Cuando se resuelve un problema, es literalmente imposible ignorar la información posterior. Esta simple incapacidad de recordar no ya la auténtica secuencia de los sucesos, sino una secuencia reconstruida, hará que, a posteriori, parezca que la historia sea mucho más explicable de lo que en realidad era o es.

El saber popular sostiene que la memoria es como un dispositivo de grabación en serie, como el disquete del ordenador. En realidad, la memoria es dinámica —no estática—, como un periódico en el que, gracias al poder de la información posterior, se registren continuamente nuevos textos (o versiones nuevas del mismo texto). (Con una perspicacia digna de mención, el poeta parisino del siglo XIX Charles Baudelaire comparaba nuestra memoria con un palimpsesto, un tipo de pergamino en el que se pueden borrar textos antiguos y escribir sobre ellos documentos nuevos). La memoria se parece más a una máquina de revisión dinámica interesada: recordamos la última vez que recordamos el suceso y, sin darnos cuenta, en cada recuerdo posterior cambiamos la historia.

Así pues, empujamos los recuerdos a lo largo de vías causales, revisándolos involuntaria e inconscientemente. No dejamos de renarrar sucesos pasados a la luz de lo que nuestro pensamiento ilumina, haciendo que tenga sentido después de acaecidos esos sucesos.

Mediante un proceso llamado reverberación, un recuerdo se corresponde con el fortalecimiento de las conexiones mentales, lo cual sucede gracias al incremento de la actividad cerebral en un determinado sector del cerebro: cuanta mayor sea la actividad, más nítido será el recuerdo. Puede que pensemos que la memoria es algo fijo, constante y conectado; nada más lelos de la verdad. Lo que se asimile según la información obtenida posteriormente se recordará de forma más vívida. Por otra parte, inventamos algunos de nuestros recuerdos, un tema delicado en los tribunales de justicia, pues se ha demostrado que mucha gente inventa historias de malos tratos en la infancia a fuerza de escuchar teorías.